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PRIMAVERA

más rosas 005-001

Cuando el miedo te atenace

y las lágrimas enturbien tus ojos,

piensa en tu mejor primavera,

cuando las rosas brotan

tras un invierno crudo y frío,

y sentirás la libertad de renacer.

(Estrella)

,

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Y YO… ¿QUÉ SOY?

IMG_9689

Y yo… ¿qué soy?

esa ráfaga de aire
que tu cara roza,
o el agua del arroyo
que corre y corre.

¿Qué soy?

esa nube que pasa por tu casa
y se pierde en el mar,
o esa gaviota
que perdió su rumbo.

Y yo… ¿qué soy?

la luz de las estrellas
en una noche clara
o ese sol brillante
de un día de junio,

¿Qué soy?

quizá soy un suspiro
que rompe la noche
o un sueño que te despierta
en la mañana.

O no soy nada,

ni aire,
ni agua,
ni sueños,
ni suspiros.
quizá solo una rosa
perdida en el desierto
que sin la lluvia muere…

(Estrella)

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luna 002

Aquella noche sintió que algo mágico flotaba en el ambiente.  

Lentamente entró en el cuarto de baño, esparció sales en el fondo de la bañera y abrió el grifo.

Enseguida el aire se lleno de aroma a lavanda.

.

Buscó en el cajón de la cómoda el sexy camisón de seda roja que tanto le gustaba a él y lo extendió encima de la cama.

Luego se sumergió entre el vapor que cubría la bañera y se quedó tumbada un rato, cubierta por la aromática espuma, tratando de no pensar, como suspendida en el tiempo, sintiendo su presencia a pesar de la distancia. 

Volvió a la realidad al sentir que el agua se estaba quedando fría.

.

Se envolvió en la toalla y volvió al dormitorio, se puso el camisón y se miró al espejo que estaba en la pared del fondo de la cama.

Pensó que si él la viera, la encontraría hermosa. 

Se asomó a la ventana y miró la luna que brillaba en lo alto del cielo escoltada por su corte de estrellas. La noche estaba serena.

Dejó la persiana levantada para, a través de las cortinas, poder contemplarla.

.

Miró el hueco vacío de la cama, testigo mudo de tantas noches de soledad. Besó la rosa roja seca que tenía en la mano y la colocó con ternura encima de la almohada. 

Noche tras noche repetía aquel ritual con el sentimiento de que él, de este modo, estaba más cerca de ella.

.

Un día, hacía tiempo, él la regaló un libro y una rosa roja. Desde entonces esa rosa roja, seca desde hacía meses, reposaba durante el día entre las páginas del libro, entre versos y olor a tinta y papel.

Y por la noche, dormía a su lado en un hueco de la almohada.

.

Se acostó y se quedó mirando al cielo, pensando en lo que habían tenido y en lo que habían soñado, en lo que se habían amado y en lo que se amaban… hasta que se durmió.

.

No sabía cuánto tiempo había pasado, cuando le sintió pegado a su espalda, sus manos tiernas la acariciaban haciendo caminos por su piel, lentamente, desde el cuello hasta sus muslos, mientras sentía su boca subiendo por su espalda.

Se detuvo en su nuca con besos suaves y la humedad de su lengua recorriendo su cuello la hizo estremecer.

.

En silencio, para no romper el hechizo escuchaba su aliento, reconocía su olor y hasta el tacto de su piel nunca olvidado.

Se apretó contra él y lentamente se fue dando la vuelta…

Sus bocas hambrientas se encontraron, se exploraron, se reconocieron, un te quiero apenas audible se mezcló con el murmullo de los besos.

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– Has venido – le dijo ella.

– Ya nunca me iré – contestó él sobre su boca.

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Y ansiosos se entregaron al juego del amor, sus piernas se entrelazaron, sus manos hicieron senderos por su piel, sus bocas fueron explorando sus cuerpos, atrapando el olor, el sabor, el calor que desprendían.

El tiempo se paró, mientras una marea de deseo les inundó a los dos hasta hacerse insoportable.

Entonces se poseyeron, con ternura un momento, con pasión al siguiente, se besaron, se acariciaron, suspiraron, gimieron, hasta que algo candente se abrió dentro de ellos, y les inundó. Se quedaron quietos, saboreando el instante.

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Fue entonces cuando una luz blanca iluminó el cuarto y les envolvió a los dos.

ahora 023

Al día siguiente, cuando su hija alarmada, al no poder hablar con ella, llegó a casa, la encontró en la cama, una sonrisa serena dulcificaba su rostro. Tan solo parecía dormida.

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En el suelo una carta arrugada y unas palabras marcadas en rojo”…fue un ataque al corazón… el sábado pasado, él murió…”

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Y en la almohada, en vez de una rosa seca, una hermosa rosa roja recién cortada parecía llorar lágrimas de rocío. 

 

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  lluvia 012-001 .

La rosa y la encina 

Se paró pensativo ante la rosa,

o lo que quedaba de ella,

la había seguido desde que era un pequeño capullo,

admiró como se iban desplegando sus pétalos,

su fragancia perfumada le acompañó por las mañanas,

a veces, resbalaba sus dedos por el rojo terciopelo de su vestido,

y tras la lluvia, admiraba las gotas que, como lágrimas,

la adornaban.

.

La rosa le esperaba todas las mañanas,

sus pétalos se abrían temblorosos a él,

soñaba los días de sol, cuando su rubor se encendía

y aparecía aún más bella.

.

Aquel día llovía a cántaros,

sus pétalos habían alfombrado el suelo,

ya apenas quedaba su corazón desnudo,

y le vió acercarse.

Pero aquel día, aquel día…

el jardinero no llevaba las manos vacías,

creyó atisbar la humedad de una lágrima en sus ojos,

o tal vez sólo fuera una gota de lluvia

lo que mojaba su cara.

14 mayo 008-001

.

Con un golpe seco, la tijera cortó los pies de la rosa,

o lo que quedaba de ella,

por un tiempo la más hermosa del jardín.

su savia se fue escapando por la herida abierta

y agonizante miró a la encina que la contemplaba en la distancia,

vió una sonrisa dibujarse entre sus ramas

y le pareció escuchar.

“tú eras hermosa, pero de vida efímera,

en cambio a mí ni me puede el sol, ni el viento, ni el largo invierno,

yo sigo aquí, año tras año,

observando cómo se mueren las rosas”.

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Este pequeño cuento es una reflexión sobre el papel que todos, en un momento u otro de la vida, desempeñamos.

Unos somos rosas y otros encinas. Y ese papel no siempre se mantiene, a veces dejamos de ser uno para ser otro, pero creo que en todos nosotros predomina uno de ellos.

¿Cómo te sientes tú…? 

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