Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘frío’

cof

La vida es algo más que consumir,
NO OLVIDEMOS a los que nada tienen,
a los que tienen hambre y frío,
a aquéllos que carecen de un techo,
a los que caminan sin rumbo, solos.
Hay muchas maneras de ayudar,
amemos, seamos solidarios,
seguramente algo se nos ocurrirá
para recuperar el espíritu navideño.

FELIZ NAVIDAD A TODOS.
Un abrazo.

Una idea para expresar esa solidaridad… contribuir con un pequeño donativo (o grande según se pueda) con la gran obra de Iñaki Alegría. Si entráis en ese post, os llevará a un enlace donde se puede hacer, a ver si entre todos conseguimos el objetivo que pretende para sus niños de Gambo.

.

Anuncios

Read Full Post »

 

.

Back Camera

Back Camera

Publiqué tres posts dedicados a mis tiempos de internado al principio de abrir el blog en WP. Como supongo que muchos no los habréis leído, voy a republicarlos seguidos. Espero que os gusten, la vida en este montón de años ha cambiado mucho.

Los que andáis por una edad parecida a la mía os recordarán vuestros tiempos y a los más jóvenes les parecerá otro mundo…

______________________________________________________________________________________________

Han pasado un montón de años

y aún sigo buscando aquella niña indómita

que se perdió un día de octubre de hace muchos años…

.

Tenía nueve años

y decidieron que a aquel potrillo un poco salvaje,

que corría por los campos

y se subía a los árboles como un gato montés,

había que amansarle un poco.

Y entre doña Carmina la maestra y mi abuela,

con el beneplácito de mi madre,

lo prepararon todo para hacer de mí una señorita.

“La niña no es tonta e igual conseguimos algo de ella”,

imagino que algo así hablaron entre ellas.

Y lo prepararon todo, me buscaron un internado de monjas,

donde harían de mí una mujer de provecho… ¡ja ja! (con ironía)

.

libro

Fuimos a conocerlo.

Una calleja estrecha, un edificio gris, ¡qué triste!

Al entrar, entre aquella penumbra

y aquellos muebles tan viejos ennegrecidos por el paso del tiempo,

me pareció un poco siniestro.

.

Otra cosa eran los patios.

Uno exterior, con una tapia muy alta

que nos ocultaba a la vista de la gente,

con un gran portón, por el que, unos años después,

pasaríamos nuestros primeros mensajes de amor.

Y una patio interior, el más usado,

pues el invierno era crudo y largo en aquel lugar,

siete largos inviernos me esperaban allí, ¡siete!

.

Los dormitorios, estancias grandes, con 10 ó 12 literas a cada lado…

Pasillos vacíos, las paredes desnudas, sin color,

el colegio no era acogedor, era frío e impersonal.

Pero yo siempre estaba dispuesta a vivir nuevas emociones,

cabas

y para mí el colegio era una nueva aventura,

así me lo tomé… ¡qué ingenua!

.

Y aquel día de octubre,

allí, en aquel caserón oscuro, se perdió la niña indómita

de las largas trenzas.

Trenzas que había dejado en el suelo

de la peluquería días antes, con humedad en los ojos.

.

Los preparativos, el uniforme, sábanas, mantas,

colchón de lana, en aquellos tiempos auténtica lana,

además sacada de las ovejas de mi abuela,

al menos iba a tener algo del pueblo conmigo.

Todo marcado a punto de cruz, nº 114.

Ese número me acompañó los siete años que duró mi internamiento.

Entré con nueve, salí con dieciséis,

¡una larga condena!

.

La niña indómita se convirtió en sumisa señorita o eso parecía…

. estuche

.

Se acercaba el día de la partida

En aquel momento no era muy consciente de que

sólo volvería al pueblo para las vacaciones.

Ese primer día mi abuela fue conmigo.

Los siguientes viajes ya me las tendría que apañar yo sola.

Era a primeros de octubre

y el vago recuerdo que me ha quedado en la memoria,

es que era casi de noche cuando llegamos,

que el día estaba muy nublado y ya hacía frío.

No lloré cuando mi abuela se fue,

lo viví en aquel momento como un episodio más en mi vida,

estaba acostumbrada a una vida un poco anárquica,

hoy aquí, mañana allá,

un poco al vaivén de los acontecimientos.

¡otra aventura más…!

.

Era casi la hora de cenar,

había niñas en el patio con sus padres.

alvarez

Y yo estaba sola, 

pero no recuerdo que eso me afectara mucho en aquel momento.

No lo viví como algo traumático,

Como decía antes,

mi vida había sido un poco movida,

no la convencional de la mayoría de los niños.

Creo que dormí bien esa noche,

e incluso creo, que los primeros días me sentí bien.

Fue después, con el paso del tiempo,

cuando sentí que el potrillo que llevaba dentro

necesitaba espacio para correr,

¡ay… mis montañas!

.

Pero eso lo contaré en otro momento,

si no os importa…

.

Aún hoy, sigo buscando dentro de mí

a aquella niña inquieta,

que se perdió un día de octubre de hace un montón de años…

.

castillo .

 

Read Full Post »

nevada noche


Estos gélidos días de atrás,

cuando un manto blanco cubría la tierra

y el frío se colaba por todas las rendijas,

recordaba aquellos inviernos en el pueblo

de hace un montón de años,

cuando era una indómita niña con trenzas,

¿os acordáis?

Durante días se cerraba la escuela,

no había manera de que la maestra,

que vivía en un pueblo de al lado,

pudiera llegar.

Entonces me pasaba el día en la calle

con las botas de agua y la bufanda,

jugando con la nieve

hasta que me dolían los dedos de frío.

Entonces, con los ojos brillantes y llorosos,

los dedos morados y los pies insensibles

volvía a casa,

por un lado feliz y temerosa por otro

y ahora… le tocaba el turno a mi abuela,

que me soltaba una buena reprimenda,

mientras me echaba agua fría

por encima de las manos heladas

para hacerlas entrar en calor.


niña 

Por la noche caía rendida en la cama,

arrebujada en el colchón de lana.

Las noches eran muy frías

y las habitaciones parecían páramos.

Recuerdo que mi abuela me metía en la cama

una botella llena de agua caliente,

con una punta larga de hierro dentro

o alguna varilla de metal para que no estallase,

¡qué tiempos aquellos!

no sé si existían las bolsas de agua,

pero en mi casa no había.

¿Habéis sentido el tacto de un colchón de lana?

es cálido y confortable,

se ajusta al cuerpo como un molde

abrazándolo.

 ovejas

Y al hilo de estos recuerdos

me vienen a la memoria los veranos en el pueblo

¡aquellos días en el río!

desde la mañana a la noche,

preparando los colchones para el invierno.

Lavar las fundas, varear la lana,

rehacerlos de nuevo.

Eran unos días especiales o a mí me lo parecían.

Y me viene el olor de los garbanzos con fideos

que mi abuela llevaba para comer.

El río estaba como a un kilómetro del pueblo

y pasábamos todo el día allí.

Se extendía la lana encima de una manta

y con una vara larga se la golpeaba

hasta que las bedejas quedaban suaves y esponjosas.

Mientras tanto las fundas se lavaban en el río

y se ponían a secar en los arbustos.


vareo .

A mediodía nos sentábamos a la sombra

a comer los garbanzos… ¡qué bien me sabían!

Lo habitual cuando se hacía cocido en casa,

era que se sirviera la sopa como entrante

y aparte, los garbanzos con su guarnición,

más bien escasa,

a base de artículos de la matanza del cerdo,

que no estaban los tiempos

para muchas alegrías culinarias.

Pero esos días, que yo sentía como de fiesta,

se mezclaba para tener que trasladar menos cacharrosgarbanzs

y a mí me gustaban mucho,

es lo que más recuerdo,

el sabor de aquel potaje… ¡qué rico!

Por las tardes, cuando las fundas estaban secas,

se metía de nuevo la lana dentro

y se iban haciendo atadillos de un lado a otro

con una aguja especial

haciendo el almohadillado, luego se cosía el borde,

ya estaba listo para otra temporada.

Y de vuelta a casa, al anochecer,

unas sopas de leche y a dormir.

 

Y qué cálidos eran aquellos colchones de lana

tan distintos a los actuales,

Estas noches pasadas, tan frías como las de antaño,

he echado de menos

aquel abrazo amoroso de mi niñez,

¡el abrazo del colchón de lana!

.

 

 

Read Full Post »