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YA NO QUIERO

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Ya no quiero que me escribas

ni que me digas te quiero.

Ya no quiero más tus besos

ni que me recites versos.

Ya no quiero tu ternura

que me lleva a la locura,

ni quiero que me visites

en sueños de medianoche.

Ya no quiero ser tu aurora

ni tu atardecer siquiera.

Ya no quiero despertar

de madrugada, buscándote,

y al no encontrarte, llorar

y maldecir no tenerte…

Te ofrecí un gran amor

pero no fue suficiente,

por eso, tras la derrota,

me rindo ya para siempre.

.

Tú pediste ser mi amigo

yo no quise ser tu amiga,

solo quise ser la estrella

que iluminase tu norte.

Ahora tu tiempo ha pasado

y seré lo que tú quieres,

seré una amiga cualquiera

que te pregunte por todo

o no te pregunte nada.

Ya sólo quiero saber

si en la salud te va bien,

si ya eres casi feliz. 

…Y si te acuerdas de mí,

prefiero no preguntarte

porque si dices que sí

corro el peligro después

de decir que yo también

y volver a las andadas…

(Estrella)

.

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nieve

Mi historia empieza entre montañas nevadas,
lobos, osos, dehesas de robles y avellanos,
campos inundados de lirones en primavera,
un arroyo de aguas heladas,
y un ejército de ovejas en vez de soldados…

.

Había nevado todo el día pero, al caer la noche, el cielo se limpió de nubes y apareció con su manto cuajado de estrellas. Una luna casi llena se reflejaba en el blanco inmaculado de la nieve.

.

Una mujer, casi una niña, tras un peligroso parto en el que a punto estuvo de perder la vida, daba a luz. Apenas hacia unos minutos que un reloj imaginario había anunciado la medianoche. Era un 19 de diciembre y una gran nevada cubría el pueblo desde hacía días. Aquella niña que estuvo a punto de acabar con la vida de su madre era yo…

.

Mi abuela miró al cielo y pensó que una estrella de aquellas que brillaban tan hermosas había bajado a la tierra. Creo que de ahí viene mi nombre, Estrella. Hoy, muchos años después, pienso que mi abuela me regaló esa luz, para que me acompañara en los momentos más duros de mi vida, y así lo ha hecho, aunque muchas veces languideciendo, nunca ha llegado a apagarsedel todo.

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Mi padre había llegado al pueblo para trabajar en la mina de carbón, como muchos otros. Eran tiempos en los que el trabajo en las minas se realizaba por hombres venidos de fuera y casi todos se fueron emparejando con las jóvenes de allí. Mi madre cayó rendida ante uno de ellos, diez años mayor, no mal parecido y “que bailaba muy bien”, eso era lo que ella decía siempre de él. O quizá cayeron rendidos los dos, no sé. Pasados unos meses, se vieron obligados a casarse, yo estaba ya en camino y en aquellos tiempos esos deslices se perdonaban siempre que hubiera boda por medio.

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Cuando yo nací, mi madre tenía 18 años y apenas cinco años más tarde cada uno de los tres se fue por distinto lado… Pero esa ya es otra historia.

 

Y en esta historia, tan similar a tantas otras,
la poesía a pondría el sol brillando más fuerte,
el cielo aún más azul,
las rosas con su tacto de terciopelo,
miles de mariposas multicolores
volando en un cielo entre ramilletes de besos,
y un manantial de aguas cristalinas,
donde multitud de pececitos de colores
se cortejaran entre nenúfares…

(Estrella)

 

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