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Archive for the ‘relatos’ Category

rosaleda 

Caminaba por el sendero de piedras. Amante de las rosas, entusiasta observador de su paso por la vida, fijó la vista en una rosa blanca que, sobre todas, resplandecía bajo la luz del sol. Mientras la admiraba escuchó algo a su espalda.

Se volvió y ante él encontró una bella mujer que le miraba con curiosidad, él le dijo:

– no te oí llegar.

– no llegué, llevo días aquí, oculta tras la rosaleda.

– ¡ah, una rosa entre las rosas! Y ¿cómo es que no te he visto antes?

– quizá hasta hoy no has sentido la necesidad de verme. Pero yo sí te he visto, te he visto pasear ensimismado, unos días triste, otros alegre. A veces los ojos te brillaban de ilusión y otros tenían el brillo húmedo de las lágrimas. Te he oído tararear una canción en las luminosas mañanas de mayo y pasear apresurado en los fríos días del invierno.

– ¿quién eres tú? – le dijo el caminante – ¿desde dónde me observabas?

– ¿qué quien soy yo? no tengo nombre, llámame como quieras y seré quién quieras tú que sea. (más…)

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HA VUELTO

amanecer .

Todo empezó sin apenas darme cuenta,

su sitio de la cama parecía estar helándose,

cada vez le hacía menos efecto el tacto de mis dedos,

poco a poco se fue volviendo más frío.

Mis manos le recorrían intentando despertarlo,

me costaba mucho conseguirlo

hasta que un mal día no lo consiguieron

y entonces un hueco de mi cama, se quedó vacío.

.

.

camita

Las noches se me hacían muy largas,

le deseaba, le necesitaba,

alargaba la mano y encontraba solo el vacío,

recordaba aquellos momentos en que mis manos le acariciaban,

cuando le miraba y me emocionaba,

recordaba tantas palabras, tantas risas,

el leve susurro que me acompañaba en mis sueños,

el calorcito que desprendía,

¡qué recuerdos…!

.

Pero hoy, él ha vuelto,

y ha vuelto como en sus mejores tiempos,

mis manos lo acarician suavemente,

y él se deja hacer, le toco y me responde,

como un resorte salta a mis deseos,

le siento vivo de nuevo, cálido y susurrante,

esta noche no dormiré sola,

le tendré al lado, en plenas facultades, 

solo esperando que mis manos le despierten.

portatil1

Él está hoy a mi lado,

mi compañero de cama, mi amante

y ha vuelto completito…

con su A,

con su B,

con su C,

señor, señor, ¡si ha vuelto con todas sus teclas!

ya le tengo otra vez aquí,

totalmente rendido a complacerme, .

¡POR FIN…!

 

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EL DIABLO EN EL CUERPO

Para “Álamos de viento”, para que no se vuelva loca buscando este post que le comenté. Y también para todos los demás que no lo hayan leído…

Te

Me miró con los ojos entornados, sonreí.
-¿qué quieres tomar?– me dijo
-“el diablo en el cuerpo”– contesté yo con sonrisa pícara.
-¿mássssssssssss?

Y recordé nuestro encuentro de aquella tarde,
recordé unos ojos que brillaban con chispitas de ilusión,
luego dos bocas ansiosas buscándose,
recordé unas ropas amontonadas sin orden en el suelo
y cuatro manos haciendo surcos ardientes sobre la piel.
Recordé el agua que recorría nuestro cuerpo
y la suavidad de la toalla que nos envolvió después,
recordé la pasión, el cielo, la nube,
el fuego, el aroma, el río, el volcán,
no sé si fuimos diablos o ángeles,
pero sí fuimos un río de lava ardiente…

-quizá pida un “bella durmiente”- dije
-¡qué peligro tienes!– ahora fue él quien sonrió

Se quedó mirándome
y sé que recordó los mismos momentos que yo,
recordó la pasión y el éxtasis,
las palabras, los suspiros,
la humedad que pegaba nuestros cuerpos,
recordó mis ojos cerrados bajo su boca
cuando relajada reposaba en su pecho
y recordó cuando dijo… “duerme niña”,
mientras pensaba que yo dormía.

-¿Y si tomamos uno de “frutos exóticos”?– me dijo él
-no estaría mal, pero…

Y ahora sí, nos reímos los dos,tes
le di un beso furtivo y recordé de nuevo…
Abrí los ojos y parecía dormido,
entonces en mis dedos fuí grabando su piel,
como si cada uno de ellos fuera el visor de una cámara,

fui sintiendo su tacto, su calor.
El juego seguía…
dejé caer una gota de cava en el centro de su pecho, lo bebí,
entonces él abrió los ojos
y me abrazó fuerte,
-“toma, bebe”– le dije, y le dí de beber,
-“come”– y el chocolate negro se fundió en nuestra boca.
Besos, chocolate y sonrisas…

-Creo que ya lo he decidido, tomaré un “cantos del crepúsculo”– y ya no podía contener la risa
-Estás un poco loca– me dijo al oído
-Sí… locura de amor

Y él recordó nuestros besos,
cuando un rato antes, tras la ventana,
contemplamos el anaranjado crepúsculo,
recordó la emoción que recorrió su cuerpo,
y el temblor del mío cuando nos tomamos,
recordó la pasión, recordó la ternura,
se miró en mis ojos
y mis ojos brillaron de amor.

-Yo voy a tomar “el diablo en el cuerpo”– ya, a carcajada limpia
-lo sabía, es el que mejor te va, pequeño diablillo– sus ojos reían

La camarera, al lado de la mesa, no entendía nuestro juego:
-¿ya se han decidido?– preguntó.
-Sí, sírvanos unos tés “el diablo en el cuerpo”

Entonces, me cogió las manos y sin palabras,
con la mirada nos dijimos : te quiero.
  Ynos reímos, felices, pensando en ese diablo en el cuerpo,

¿o era un ángel lo que nos había poseído…?

(Estrella)

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LA EXTRAÑA DAMA

cervera

Desde hacía un tiempo, asomado a la ventana,

la veía salir.

Hasta entonces no había reparado en ella.

Ahora, cada día, admiraba su porte sereno y elegante,

sus vestidos eran clásicos, intemporales,

su cara apenas se entreveía bajo el ala corta de su sombrero.

No podía adivinar su edad,

pero parecía una dama de edad indefinida.

Siempre volvía acompañada,

llegaba agarrada del brazo de algún señor maduro,

también de mujeres, de jóvenes,

incluso alguna vez llevaba de la mano a un niño.

Siempre eran personas distintas las que con ella iban,

miraban sus ojos mientras les hablaba,

atraídos por el brillo extraño de su mirada.

.

Según se iba fijando más en ella,

sus ganas por conocerla habían ido en aumento,

había algo que le atraía poderosamente.

Tras años de soledad,

y muchas horas con la mirada perdida en el infinito,

la extraña dama había llamado su atención

y sabía que, tarde o temprano, iba a encontrarse con ella.

Aquel día pegó su cara al cristal buscándola,

le extrañó no verla.

Se apartó de la ventana y se sentó en el sofá,

triste, vacío, sólo…

.

De repente sintió que los párpados le pesaban,

dejó que se cerraran lentamente.

No oyó el sonido de la puerta al abrirse,

ni los pasos de la dama al llegar a su lado

hasta que sintió una mano que tiraba de él,

la dama iba vestida de negro y una redecilla caía de su sombrero,

apenas podía ver sus ojos.

Con voz dulce le dijo:

“ha llegado la hora, tu espera ha terminado”

él, sin protestar, se levantó y fue tras ella,

y una paz infinita le envolvió…

(Estrella)

.

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Os voy a contar una historia que comenzó hace siete años y que ha terminado hoy con la palabra FIN.

.

Era Junio del año 2009…

.

Me llamo Mora,

y nací el viernes pasado, aunque tenga dos o tres años.

.

No quería entrar, me resistía,

pero no me sirvió de nada.

Había gente, perros, gatos,

y unas señoritas vestidas de blanco.

Yo me eché en el suelo, tenía miedo.

.

Mi amo sacó la cartera,

habló en el idioma de los humanos,

pagó unos billetes y se fue,

ni siquiera me miró.

Yo me quedé acurrucada,

no sabía cuando iba a llegar el próximo golpe,

o quizá no llegase,

no sabía que pensar…

.

Y allí estaban ellas, madre e hija,

de preciosos ojos, ambas,

¿qué la vais a hacer? preguntaron,

no oí lo que decían, hablaban en voz baja

y me miraban,

yo bajé la cabeza, atemorizada

¿qué va a ser de mí? Pensé,

 como piensan los perros…

.

Me pincharon, me dieron unas medicinas,

y ellas me acariciaron y me hablaron,

me dieron ganas de llorar,

nunca nadie me había hablado así,

y me llevaron en un coche que no conocía,

con dos perritos que reían contentos

Me dieron envidia… son felices, pensé.

.

Paramos y me bajaron,

me presentaron a otro perro, era Duque.

se parecía a mí, y también parecía feliz,

había tres caballos

y varios gatos, todos parecían contentos.

.

Y la mujer guapa, de preciosos ojos azules me dijo:

Esta es tu casa, nosotros tu familia,

no habrá golpes, sí comida…

y todos los días iremos todos de paseo,

tendrás caricias y abrazos

serás feliz como ellos.

.

Y yo… ¡casi me lo estoy creyendo!

¿será verdad? pienso…
porque los perros, aunque no lo creáis ¡también pensamos!

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Así empezó la historia conocida de Mora, una perra que, injustificadamente, iba a ser sacrificada por su dueño y que fue salvada por mi amiga y su hija. Su vida no había sido fácil, parecía un saco de huesos, apaleada y llena de marcas cuando llegó a nuestras vidas

 

Con el tiempo y por circunstancias domésticas, hace más de cuatro años Mora llegó a mi casa por unos meses que se fueron alargando hasta hoy.

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Fue la madre adoptiva de Yeni, que tenía meses cuando ella llegó y las dos me han hecho disfrutar muchas veces y enfadar otras tantas, pero han sido una gran compañía.

 

Hoy Mora nos ha dejado, al parecer en sus paseos por ahí, ha comido algo que le ha envenenado la sangre y no lo ha podido superar y yo me siento muy triste y Yeni la busca sin entender su ausencia…

 

Me queda el consuelo de saber que nunca volvió a ser maltratada y que desde aquel junio de 2009 fue feliz.

 

Ahora ya descansa en compañía de Zar y Linda y todos esos perritos buenos que nos brindan su amistad desinteresadamente.

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chimenea

Hoy, día de San Valentín, una pequeña emoción para todos los que están enamorados o lo han estado a lo largo de su vida.
.
Hace frío, anuncian nieve…
un invierno atrasado ha llegado con fuerza,
el termómetro marca 3º y bajando
y el frío ambiental se ha colado en mi cuerpo también.
Voy a encender la chimenea.
Siempre soñé con tener una casa, con tener un jardín,
con retozar ante el fuego cálido de una chimenea.
Ya tengo casa, ya tengo jardín,
ya tengo chimenea
y tengo sueños…
Meto leños finos para encender, luego voy añadiendo leños gordos,
el anaranjado de las llamas ilumina el cristal,
un ambiente cálido se derrama por el salón,
voy entrando en calor,
me siento en la alfombra ante la chimenea,
con los brazos rodeando mis rodillas y mirando el fuego, me adormezco
y unos sueños imposibles van abriéndose paso en mi cabeza.
Quizá algún día, en algún momento, llames a la puerta de la calle,
como aquel día llamaste a la puerta de mi corazón y te colaste en él,
sueños…
.
Suena una música suave,
no hay rosas en el jarrón, la primavera está lejana todavía,
una tenue penumbra me envuelve, nos envuelve,
solo la luz anaranjada del fuego que crepita en la chimenea
y el calor del fuego que siento por dentro, que sentimos,
Has llamado a la puerta y yo la he abierto de par en par…
– ven aquí, conmigo – te he dicho – por fin llegas.
te has sentado a mi lado y nos quedamos mirando al fuego,
las llamas se retuercen, se abrazan, se elevan buscando el aire,
nos miramos a los ojos y el fuego brilla en ellos,
¿reflejo de la chimenea o somos nosotros los que ardemos?
Sobran las palabras,
es momento de que hablen los ojos, hablen las manos,
hablen los cuerpos…
Y, como si el tiempo no hubiera pasado,
nos rendimos a la vorágine del amor y del deseo.
Nuestros cuerpos se buscan, se encuentran,
se reconocen,
nuestras piernas se enredan en un nudo firme,
nuestra piel se acaricia y arde
y nos entregamos a un juego casi ausente de palabras,
sólo suspiros y te quieros,
sólo el amor envolviéndonos.
.
Y cuando el fuego de la pasión
va dejando paso a una tierna sensación de felicidad,
miro tus ojos, parecen tan llenos de amor que te digo:
.
“Como quieras,
cuando quieras,
hasta que quieras, mi amor,
y aún después,
yo te seguiré queriendo…”
.
Abro los ojos, ya apenas queda fuego en la chimenea,
apenas iluminan el ambiente los últimos rescoldos
y otra vez el mismo sueño…
Pero no, esta vez ha sido muy distinto,
mi cuerpo está sudoroso, relajado,
mi boca seca, el alma estremecida.
Cierro otra vez los ojos y entonces siento tu risa,
alargo la mano y acaricio tu cara,
me refugio en tus brazos y me duermo otra vez.

.

 

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luna 002

Aquella noche sintió que algo mágico flotaba en el ambiente.  

Lentamente entró en el cuarto de baño, esparció sales en el fondo de la bañera y abrió el grifo.

Enseguida el aire se lleno de aroma a lavanda.

.

Buscó en el cajón de la cómoda el sexy camisón de seda roja que tanto le gustaba a él y lo extendió encima de la cama.

Luego se sumergió entre el vapor que cubría la bañera y se quedó tumbada un rato, cubierta por la aromática espuma, tratando de no pensar, como suspendida en el tiempo, sintiendo su presencia a pesar de la distancia. 

Volvió a la realidad al sentir que el agua se estaba quedando fría.

.

Se envolvió en la toalla y volvió al dormitorio, se puso el camisón y se miró al espejo que estaba en la pared del fondo de la cama.

Pensó que si él la viera, la encontraría hermosa. 

Se asomó a la ventana y miró la luna que brillaba en lo alto del cielo escoltada por su corte de estrellas. La noche estaba serena.

Dejó la persiana levantada para, a través de las cortinas, poder contemplarla.

.

Miró el hueco vacío de la cama, testigo mudo de tantas noches de soledad. Besó la rosa roja seca que tenía en la mano y la colocó con ternura encima de la almohada. 

Noche tras noche repetía aquel ritual con el sentimiento de que él, de este modo, estaba más cerca de ella.

.

Un día, hacía tiempo, él la regaló un libro y una rosa roja. Desde entonces esa rosa roja, seca desde hacía meses, reposaba durante el día entre las páginas del libro, entre versos y olor a tinta y papel.

Y por la noche, dormía a su lado en un hueco de la almohada.

.

Se acostó y se quedó mirando al cielo, pensando en lo que habían tenido y en lo que habían soñado, en lo que se habían amado y en lo que se amaban… hasta que se durmió.

.

No sabía cuánto tiempo había pasado, cuando le sintió pegado a su espalda, sus manos tiernas la acariciaban haciendo caminos por su piel, lentamente, desde el cuello hasta sus muslos, mientras sentía su boca subiendo por su espalda.

Se detuvo en su nuca con besos suaves y la humedad de su lengua recorriendo su cuello la hizo estremecer.

.

En silencio, para no romper el hechizo escuchaba su aliento, reconocía su olor y hasta el tacto de su piel nunca olvidado.

Se apretó contra él y lentamente se fue dando la vuelta…

Sus bocas hambrientas se encontraron, se exploraron, se reconocieron, un te quiero apenas audible se mezcló con el murmullo de los besos.

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– Has venido – le dijo ella.

– Ya nunca me iré – contestó él sobre su boca.

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Y ansiosos se entregaron al juego del amor, sus piernas se entrelazaron, sus manos hicieron senderos por su piel, sus bocas fueron explorando sus cuerpos, atrapando el olor, el sabor, el calor que desprendían.

El tiempo se paró, mientras una marea de deseo les inundó a los dos hasta hacerse insoportable.

Entonces se poseyeron, con ternura un momento, con pasión al siguiente, se besaron, se acariciaron, suspiraron, gimieron, hasta que algo candente se abrió dentro de ellos, y les inundó. Se quedaron quietos, saboreando el instante.

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Fue entonces cuando una luz blanca iluminó el cuarto y les envolvió a los dos.

ahora 023

Al día siguiente, cuando su hija alarmada, al no poder hablar con ella, llegó a casa, la encontró en la cama, una sonrisa serena dulcificaba su rostro. Tan solo parecía dormida.

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En el suelo una carta arrugada y unas palabras marcadas en rojo”…fue un ataque al corazón… el sábado pasado, él murió…”

.

Y en la almohada, en vez de una rosa seca, una hermosa rosa roja recién cortada parecía llorar lágrimas de rocío. 

 

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