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Archive for 19 julio 2018

SE HIZO MAR

cof

De vuelta de unos días de ¿descanso y relax?

Algo de descanso, puede que sí, pero ¿relax? ¿quién podría relajarse al lado de un torbellino de cinco años?

Tenía unos días de vacaciones y, como toca ejercer de abuela, nos subimos los dos en el coche y nos fuimos a Cantabria, una maravilla de la naturaleza donde, si es verdad que el verde es esperanza, allí la venden por arrobas…

Iker es un niño avispado, inquieto y sin miedo al mar. Y estar sola con él en la playa significaba no relajarse ni un segundo. ¿Tumbarme al sol? Quiá… al minuto ya estaba buscándole entre los bañistas y poniéndome de los nervios, pues pasa más tiempo con la cabeza debajo del agua que encima, buscando las olas, nadando por debajo de ellas, buceando.

¿Leer un libro? Ni por asomo… con la marea baja se perdía entre las rocas y de vez en cuando desaparecía de mi vista, así que a buscarle como una loca.

Playa por la mañana, playa por la tarde y helados. Lo he disfrutado por él, porque le encanta, no veía la hora de llevarle a casa,  pero soy de las que dicen que la playa… cuando la asfalten.

En estos días, el móvil solamente para lo indispensable, que el niño hablara con su madre. Internet apenas, una ojeada a las noticias y nada más. Mi blog abandonado, los de los amigos más o menos, he leído algo pero no he comentado, estaba vaga, vaguísima… Y, como no he escrito nada, he recuperado un poema de hace tiempo con el mar de fondo.

SE HIZO MAR

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Y fueron arena y sal

las palabras que un día te dije,

los suspiros

que en mí provocaste,

mis miradas tan llenas de amor.

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Fueron arena y sal

y luego mar… 

los abrazos que guardé para ti

y los besos ardientes

que un día te di. 

.

Fueron arena y sal… y olvido,

la emoción,

el deseo,

el dolor de perderte,

el sentirnos el uno del otro.

.

Fueron arena y mar,

dolor y olvido,

la pasión que vivimos un día,

y la hoguera que fue

nuestra noche.

.

Mi amor fue arena y sal.

Y, al llegar la marea,

un atardecer,

cabalgó en una ola

y se hizo mar en el mar.

(Estrella)

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barcelona 2 040
Luego, el tren, al caminar,
siempre nos hace soñar;
y casi, casi olvidamos el jamelgo que montamos.
¡Oh el pollino que sabe bien el camino!
¿Dónde estamos?
¿Dónde todos nos bajamos?
(fragmento de “El tren” de A. Machado)

 

Estaba absorta mirando por la ventanilla del tren. De vuelta a casa, perdida en mis pensamientos, mirando sin ver durante breves instantes.

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Luego miré a mi alrededor contemplando a los pasajeros que subían al tren e imaginé mil y una historias… Aquella pareja casi adolescente que se miraba embobada, una niña que sonreía casi arrastrando de la mano a una señora, un grupo de jóvenes, un variopinto grupo de personas que por unas horas compartirían viaje.

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Y les vi allí, en el andén. Mi mirada se posó un instante en una pareja, ya casi en el otoño de su vida, que con las manos entrelazadas, se miraban. Se besaron con ternura, mientras una voz anunciaba la salida del tren.

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Ella, presurosa, con aparente desgana soltó su mano y subió al tren y en esas décimas de segundo las miradas de los dos se cruzaron con la mía, vi una historia de soledad en los ojos brillantes de ella y no acerté a descifrar la triste mirada de él.

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Y viví su historia, la historia que leí en aquellos ojos… o la imaginé, no sé.

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La historia venía de atrás. Los encuentros y despedidas se repetían un par de veces al año. Era un amor complicado, separados por la distancia y por la vida que a veces juega con nosotros un juego peligroso. Sobrevivían viviendo de sueños, sintiéndose mágicamente unidos, corazones enlazados en las nubes. Y se reunían unos días, se abrasaban en la pasión, bebían su ojos, su boca, su piel y luego volvía cada uno a su vida. Y seguían soñando hasta el próximo reencuentro.

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Y ella sabía que el tiempo jugaba en su contra y pensó… cuando la pasión se convierta en sólo ternura, cuando el invierno llegue a sus vidas, cómo vivir sin él, cómo vivir sin tenerse el uno al otro y no pudo evitar que dos lágrimas rebeldes escaparan de sus ojos.

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Se las secó con decisión y pensó en los maravillosos momentos que había vivido. Pensó en cómo los envolvería en papel perfumado de lavanda y los metería en el rincón más confortable de su corazón. Y allí, cuando la soledad se apoderara de ella, entraría y les iría desenvolviendo poco a poco. Y sabía que cada noche al acostarse, al cerrar los ojos, se sumergiría en ese sueño, allí donde la distancia y el tiempo se desvanecen para estar siempre juntos.

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Y mientras los campos pasaban veloces ante la ventanilla, quise buscarla en el tren y preguntarle, pero pensé en la emotiva historia que leí en sus ojos y me quedé sentada, suspirando.

alvia


Miradas atrapadas

en un lenguaje mudo,

tras un cristal

que es todo un mundo.

El tren avanza

y al perder su mirada,

por un instante

su corazón se para…

(Estrella)
 

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