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INDIFERENCIA

Niño

Somos una gota en el océano

y nos creemos el centro del universo,

como tal actuamos.

Encerrados en nuestra jaula de cristal

sin ver a los que nos miran,

sin escuchar su voz,

sin acariciar sus cuerpos.

Nos hemos quedado solos,

indefensos ante una realidad que nos desborda,

ya no escuchamos a los pájaros,

ni contemplamos el arco iris.

Ya apenas sonreímos,

somos poco más que autómatas

en un mundo deshumanizado.

(Estrella)

perseidas

¿Has visto la estrella?

como un suspiro pasó,

llevándose tras ella

un deseo, una ilusión…

 

Recuerdo que, cuando era niña, contemplaba extasiada las estrellas en aquellas maravillosas noches de verano iluminadas por la luna. Me gustaba contarlas e incluso poner nombre a algunas que me parecía a mí que lucían más brillantes que otras. Cosas de niña.

.

A una de ellas le puse Marina, sería por mi deseo de conocer el mar; otra se llamaba Hada, como las hadas de los cuentos, que con su varita mágica lo conseguían todo; otra se llamaba Nieves, ¡qué extraño nombre para una estrella, ¿verdad?! sería porque la nieve estaba muy presente en los largos inviernos de mi pueblo de montaña, no sé… Y así, noche tras noche fui tejiendo un manto con mis estrellas favoritas.
.

Mi abuela algunas veces se sentaba conmigo a la puerta de casa y me decía, “cuando veas una estrella fugaz, pide un deseo y se cumplirá”, yo siempre pedía el mismo, tener otra vez unos padres y volver a casa. Pero nunca se cumplió. Mi abuela, aunque me preguntaba entre bromas y veras, nunca supo qué pedía, seguramente si lo hubiera sabido, me hubiera convencido de que hay cosas imposibles de alcanzar, ni aún pidiéndoselo a una estrella fugaz…
.
rana
Me gustaba sentarme en aquellas noches tranquilas “a la fresca” y escuchar las conversaciones de la gente del pueblo, cómo había ido el invierno, si la cosecha se presentaba bien, si el ganado producía. Después de pasar todo el curso en el internado, eso era el paraíso. Lo que no me gustaba era andar por la callejuelas oscuras del pueblo después del atardecer, había muchos sapos y me daban repelús, siempre tenía el temor de pisar alguno, ¡eran tan feos!. Y es que en mis cuentos, quienes se convertían en príncipes, al calor de un beso, eran las ranas, no los sapos…
.

Todo esto me ha venido a la memoria, porque la otra noche, una noche cálida como hay pocas por aquí, me senté en el escalón de la entrada de mi casa, había cortado el césped y luego había regado y flotaba en el ambiente ese olor especial y entrañable a hierba mojada. La puesta de sol había sido espectacular, aunque he de decir que soy una privilegiada, porque estos atardeceres entre rojos y anaranjados se repiten con bastante frecuencia en esta zona. Pero muchas veces depende del estado de ánimo el saber apreciarlos.


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Contemplé el cielo, el mismo cielo que contemplaba cuando era niña, las sombras de la noche iban cayendo, yo soñaba con mi mente muy lejos. Si yo pudiera…
.

Y en ese momento pasó una estrella fugaz, le pedí un deseo, como en aquellas noches claras de mi infancia en el pueblo. En esta ocasión también voy a ser cauta y no se lo voy a decir a nadie, no quiero que me digan que pido un imposible, prefiero mantener la ilusión de que mi deseo se cumpla algún día.

.

Después de todo, la vida no es más que un sueño, un sueño un poco más largo que esos que acompañan nuestros días, e igual que éstos, hasta tiene sus buenos momentos y sus pesadillas. Por eso, vivamos, soñemos…
.

Que no falten estrellas a nuestras noches
y que, entre ellas, alguna sea fugaz
para pedirle esos deseos
que duermen en el fondo de nuestro corazón,
porque los sueños por cumplir
son los que nos mantienen más vivos…
Por eso seguiré mirando al cielo
en las noches estrelladas
e intentaré seguir la estela de esa estrella,
cuando pase fugaz ante mis ojos,
quizá ella me lleve a conseguir
los sueños que anhelo.

(Estrella)


 

DESEÉ SER MAR

Oyambre 161

 

En el sopor de la siesta, uno de esos días de vacaciones, con un calor agobiante y sin poder dormir, me puse a escribir bobaditas como las que acostumbro, una manera más de matar el tiempo.

 

Me gusta el mar

aunque lo respeto mucho y lo temo.

.

Sumergida en él esta mañana, pensé en dejarme llevar,

fui avanzando mar adentro,

por un momento deseé que me tragara

y pasar a formar parte de él,

¿qué pasaría?

Apenas una reseña en el periódico local,

“bañista fue disolviéndose en el mar, cual azucarillo…”

La vida seguiría adelante,

“fue muy extraño, se evaporó,

cuando llegó la Cruz Roja, ya había desaparecido”

.

Familiares y amigos, de vez en cuando, me recordarían,

hasta que ese recuerdo se disolviera en el tiempo.

Mis amigos blogueros pensarían que me había cansado de escribir,

“siempre se quejaba de la falta de tiempo”

mis compañeros de trabajo comentarían,

“parecía siempre tan feliz…”

pero alguien quizá dejase escapar un pensamiento,

“nunca logramos traspasar la coraza tras la que se ocultaba”

.

Pasaría del ser al no ser

sin que apenas nadie se diera cuenta,

como ese viejo reloj de cuco que al final se para

porque todo el mundo ha olvidado

darle cuerda,

que aunque, de vez en cuando, se le mire

e incluso se piense que en un tiempo fue útil,

¿para qué sirve, si ya tenemos otro?

.

Pero ¡que siga la fiesta!

que aquí estoy,

otra vez en la orilla,

cubierta de sal y arena caliente

y es que debo ser un azucarillo un poco pasado ya,

pues ni el mar me quiso lo suficiente…

(Estrella)

EL TREN DE LA VIDA

tren

El tren de la vida,

un tren con destino a ninguna parte

y a todas,

vacío en ocasiones y otras a rebosar de gente,

un tren lleno de colores y risas, a veces,

 otras envuelto en sombras…

El tren de la vida,

el de las estaciones vacias,

y los espacios abiertos esperando,

el de los susurros, el de los besos

y las palabras de amor.

También, el de la soledad,

el de las horas perdidas, el de los llantos…

Algún día llegará a la estación

y me temo que estará desierta y sola,

como yo.

(Estrella)

CAUTIVO

amor cautivo

Amor cautivo tras barrotes de oro,

ahogándose en un remolino de razón,

oprimido por la indecisión,

preso de una sociedad ajena

que, aunque él no lo perciba,

se desentiende de él.

.

Amor atado a la rutina,

rehén de las viejas costumbres,

enquistado en un mundo ficticio,

dejando volar la pasión

enredada en sueños de medianoche,

languideciendo.

.

La vida es breve,

la felicidad efímera y caprichosa,

el tiempo se enreda en las nubes

deteniéndose,

dando alas al sentimiento

para buscar la libertad…

(Estrella)

 

nieve

Mi historia empieza entre montañas nevadas,
lobos, osos, dehesas de robles y avellanos,
campos inundados de lirones en primavera,
un arroyo de aguas heladas,
y un ejército de ovejas en vez de soldados…

.

Había nevado todo el día pero, al caer la noche, el cielo se limpió de nubes y apareció con su manto cuajado de estrellas. Una luna casi llena se reflejaba en el blanco inmaculado de la nieve.

.

Una mujer, casi una niña, tras un peligroso parto en el que a punto estuvo de perder la vida, daba a luz. Apenas hacia unos minutos que un reloj imaginario había anunciado la medianoche. Era un 19 de diciembre y una gran nevada cubría el pueblo desde hacía días. Aquella niña que estuvo a punto de acabar con la vida de su madre era yo…

.

Mi abuela miró al cielo y pensó que una estrella de aquellas que brillaban tan hermosas había bajado a la tierra. Creo que de ahí viene mi nombre, Estrella. Hoy, muchos años después, pienso que mi abuela me regaló esa luz, para que me acompañara en los momentos más duros de mi vida, y así lo ha hecho, aunque muchas veces languideciendo, nunca ha llegado a apagarsedel todo.

.

Mi padre había llegado al pueblo para trabajar en la mina de carbón, como muchos otros. Eran tiempos en los que el trabajo en las minas se realizaba por hombres venidos de fuera y casi todos se fueron emparejando con las jóvenes de allí. Mi madre cayó rendida ante uno de ellos, diez años mayor, no mal parecido y “que bailaba muy bien”, eso era lo que ella decía siempre de él. O quizá cayeron rendidos los dos, no sé. Pasados unos meses, se vieron obligados a casarse, yo estaba ya en camino y en aquellos tiempos esos deslices se perdonaban siempre que hubiera boda por medio.

.

Cuando yo nací, mi madre tenía 18 años y apenas cinco años más tarde cada uno de los tres se fue por distinto lado… Pero esa ya es otra historia.

 

Y en esta historia, tan similar a tantas otras,
la poesía a pondría el sol brillando más fuerte,
el cielo aún más azul,
las rosas con su tacto de terciopelo,
miles de mariposas multicolores
volando en un cielo entre ramilletes de besos,
y un manantial de aguas cristalinas,
donde multitud de pececitos de colores
se cortejaran entre nenúfares…

(Estrella)

 

Y YO… ¿QUÉ SOY?

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Y yo… ¿qué soy?

esa ráfaga de aire
que tu cara roza,
o el agua del arroyo
que corre y corre.

¿Qué soy?

esa nube que pasa por tu casa
y se pierde en el mar,
o esa gaviota
que perdió su rumbo.

Y yo… ¿qué soy?

la luz de las estrellas
en una noche clara
o ese sol brillante
de un día de junio,

¿Qué soy?

quizá soy un suspiro
que rompe la noche
o un sueño que te despierta
en la mañana.

O no soy nada,

ni aire,
ni agua,
ni sueños,
ni suspiros.
quizá solo una rosa
perdida en el desierto
que sin la lluvia muere…

(Estrella)

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