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PASIÓN

BESO EN LA PIERNA

Recorro con mi boca

la senda de tus piernas

buscando allí cobijo

para mi lengua hambrienta.

(Estrella)

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PAZ

cof

El miércoles pasado, antes de la ola de nieve y frío estuve en mi pueblo por cuestiones administrativas. Por allí todavía había nieve de días antes, aunque ahora creo que están a rebosar… Mi pueblo está en la Montaña Palentina, la gran desconocida. En San Salvador de Cantamuda, ayuntamiento a dónde pertenece mi pueblo, hay una iglesia que es una pequeña joya del románico, como podéis ver en la foto.

Ya que estaba allí me acerqué al puerto de Piedrasluengas que está a una decena de kilómetros. El día era claro y luminoso, hacía un sol espléndido y el cielo lucía un azul resplandeciente. Siempre que voy por allí, subo al puerto, es un lugar maravilloso y se respira paz.

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El mirador estaba desierto, había un coche aparcado en la carretera pero no había nadie dentro, imagino que estarían disfrutando de alguna ruta por la montaña. La vista espectacular, en el fondo el valle cubierto con su manto verde, un poco más parduzco ahora en invierno, y a lo lejos los Picos de Europa, con su manto blanco de nieve. Algunas veces de las que he ido apenas se dejaban ver envueltos en niebla, pero el otro día se mostraban con toda nitidez.

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A mi espalda Peña Labra, con su forma tan original, coronada de rocas en la cima que parecen puestas a propósito para proteger el interior. Creo que la subida no es difícil, aunque nunca subí, pero una vez arriba, la corona rocosa que la rodea sirve de muralla y hay que buscar una zona determinada para poder llegar a lo alto de la cima. Recuerdo oír de niña, que los amaneceres desde lo alto de la peña son espectaculares, con el valle en un mar de niebla y en el horizonte se ve el mar. Me temo que moriré sin comprobar si es verdad.

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Siempre siento algo especial cuando estoy allí, pero esta vez, ese sentimiento pareció elevado a la máxima potencia. La música del silencio solo se veía interrumpida por algún acorde de los pájaros y el suave silbido del viento, sentí tal paz que me apoyé en uno de los travesaños de madera del mirador y estuve durante minutos con la mente en blanco, solo integrándome en el paisaje, sintiéndome parte integrante de él. Esta vez, con algo de nieve todavía en las praderas, ni siquiera estaban las vacas pastando como otras veces, ni pasó un solo coche en la carretera cercana, que desde allí, casi a tumba abierta, baja hasta Potes. Solo el silencio y la paz, bendita paz.

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Estaba sola y a diferencia de otras veces, no eché de menos la compañía de nadie, supongo que terminaré por acostumbrarme a la soledad. Mientras volvía a casa pensé que debo ir más a menudo, tiene la facultad de cauterizarme las heridas que me va infiriendo la vida.

Ya he escrito un par de post dedicados a este puerto, por si no los habéis leído os dejo los enlaces, éste publicado hace poco tiempo y éste otro escrito hace ya bastante tiempo.

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Sintió la necesidad de alejarse. Empezó a andar sin rumbo fijo, solo una idea le martilleaba en la cabeza ¡tenía que escapar, escapar, escapar! Como un eco, se lo repetía una y otra vez.

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La noche anterior él había llegado a casa, como cada día, horas después de salir del trabajo. Acababa de acostar a los niños y, con el alma en un puño, esperaba con temor su llegada. Temía lo que podía pasar, lo había vivido demasiadas veces, conocía sus cambios bruscos de humor, el paso de la euforia a la ira en un instante. Y le daba pavor.

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Aquella noche no fue distinta. Entró esbozando una sonrisa que a ella le pareció una mueca, se acercó y le pellizcó la cara. Le hizo daño, y no pudo evitar un ¡ay!. Eso despertó su ira, le agarró del brazo, le empujó a un rincón de la cocina, le agarró por la barbilla y le hizo levantar la cabeza hacia él:

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– ¿Qué te pasa, zorra? ¿no sabes apreciar las caricias de tu marido? ¡Contesta, puta, no te quedes callada!

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Y le zarandeaba con fuerza, y ella se encogía sobre sí, con el terror dibujado en su rostro. Y cuánto más se encogía, más furioso se ponía él; no quería gritar, no quería que los niños le vieran así. Como siempre, él tenía cuidado de no dar grandes golpes, eran empujones, tortas, pellizcos e insultos soeces, era menosprecio, humillación, era minar su resistencia mental, era convertirla en un guiñapo.

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Cuando había descargado su ira, la empujaba a la cama, y la poseía con rabia, mientras ella se dejaba hacer. Ya no se sentía ni siquiera mujer, era como una muñeca de trapo, que se va rompiendo a jirones. Ya ni siquiera lloraba cuando la forzaba…

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Y ahora, iba sin rumbo, desesperada. No quería llorar, pero las lágrimas pugnaban por salir. Apretaba los ojos. No voy a llorar por él, pensaba, no volveré a llorar. Y siguió caminando. El sol estaba alto, hacía calor, pero ella no lo sentía.

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Llegó al pequeño río que tantas veces le había visto pasar. Pero esta vez se detuvo, buscó un rincón escondido y se sentó. Apoyó los brazos en sus rodillas dobladas y allí hundió la cabeza. Y entonces sí, dejó que las lágrimas bajaran por sus mejillas y con sollozos desesperados lloró.

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Lloró por él, lloró por ella, por el pasado, por el futuro, lloró por su alegría perdida, lloró por la esperanza muerta, lloró por su vida destrozada, lloró y lloró…

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Miró sus manos, las manos que le habían acariciado con tanto amor, y pensó en su boca que con tanto ardor le había besado y en su cuerpo que tantas veces le había entregado. Pensó en su corazón, en las veces que latió desbocado suspirando por él. Había dado tanto, nunca le dolió dar. Pero poco duró la felicidad, pronto descubrió la persona oculta en él, la fiera que dormía en él. Nunca supo qué fue lo que la despertó, pero un día, sin esperarlo, rugió, y ella pensó y pensó… y no encontró qué era lo que había hecho mal.

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He aguantado demasiado, pensó, ya nunca más, ni mis hijos ni yo merecemos esto. Y de un manotazo se limpió las lágrimas, y sintió que esta vez sí, esta vez era el fin.

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El atardecer empezaba a llenar de sombras la orilla del río, con lentitud se levantó, se lavó la cara con el agua fría. Le vino bien. Y lentamente volvió a casa por el camino. Había tomado una decisión. Quizá había llegado el momento de hablar claro, pero no iba a hacerlo. Debía marchar antes de que él volviera.

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Llegó a casa, metió cuatro cosas en una maleta, cogió a sus hijos, y dejó la casa donde había sido tan infeliz. Ni siquiera volvió la cabeza. Dejó a los niños en casa de su hermana, puso una denuncia en la policía y se juró que jamás le volvería a hacer daño.

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Había tardado demasiado, pero por fin, había despertado, en ese momento se sintió fuerte, pensó que había vuelto a tomar el camino que nunca debió dejar. Estaba dispuesta a recoger y recomponer paso a paso los jirones de su vida que había perdido y volver a ser la mujer brillante de su juventud. Pensó en el futuro, su futuro y sonrió, como hacía años que no lo hacía.

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Y SOÑÓ…

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Dedicado a tantas mujeres maltratadas, para que luchen por salir de ese infierno. Esta historia, basada en un hecho real, ocurre con demasiada frecuencia, se sigue pensando que la mujer es un objeto de usar y tirar. No callemos, no dejemos de luchar por nuestra dignidad, la de todos, la de las mujeres y la de los hombres que creen en las mujeres. No somos enemigos, somos compañeros en la vida.

 

SUEÑOS ROTOS

rosas.


Este es un escrito de hace unos años, cuando abrí el blog, cuando desesperadamente intentaba encontrarme. Hoy, sigo buscándome…

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Soñaba múltiples paisajes, otras tierras, otras gentes,

soñaba escribir lo que veía, transmitir lo que sentía.

Soñaba con ser periodista,

una corresponsal por esos mundos de Dios,

soñaba tanto…

y se quedó en sueño.

Creo que desde los diez u once años, lo soñé.

Soñé lugares, personajes, noticias. cam

Pero aquel verano del 71, todo se truncó,

en lucha, el amor por un lado,

y la incomprensión por otro,

hicieron que mi sueño se viera roto, antes de atraparlo.

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Diecisiete años,

pruebas de acceso a la universidad aprobadas,

mi sueño empezaba a realizarse

y un mundo de ilusión

al alcance de mi mano:

el ingreso en la Escuela de Periodismo de Madrid.

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Mi vida era un camino con curvas pronunciadas

desde el año anterior,

luchando por no salirme en una de ellas.

Pero aquel verano, el camino se empotró contra un muro

y mis sueños se estrellaron.

Tuve que elegir y no estaba preparada,

estaba enamorada

y pretendían cortar este amor de raíz,

poner kilómetros de por medio,

nada menos que 2.000.

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Diecisiete años,

y en un momento se esfumó mi sueño,

mi vida, mis amigos, mi familia

dejaron de existir.

Elegí…

elegí el amor,

y escapé, cogí un tren sin billete de vuelta,

abandoné mis sueños en una estación del norte,

y me embarqué en una aventura sin retorno,

tenía diecisiete años

y un sueño hecho añicos,

que cambié por un futuro incierto.

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No volví a escribir,

me encerré en un mundo mudo de palabras

más de treinta y cinco años.

Solo pensaba, escribía en mi mente,

pintaba otros paisajes y otras gentes

y agonizaba lentamente.

Dejé de soñar,

mi corazón dejó de latir, aunque latiera,

las palabras escritas murieron del todo,

las otras, con el tiempo,

se fueron haciendo cada vez más escasas,

el camino cada vez era más empinado

y me costaba seguirlo,

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escribir

Y entonces, un día, no hace mucho tiempo,

sentí a las palabras gritar dentro de mí,

las escuché, abrí un blog y escribí, escribí, escribí…

Y me sentí de nuevo viva, sentí un nuevo latido,

la sangre circulaba de nuevo por mis venas,

las palabras volvían a mí,

se agolpaban, se peleaban entre ellas por salir,

y empecé a dejarlas ir.

Y fluyeron, quizá un poco atropelladamente,

al principio sin orden, sin mucho estilo,

pero eran mis palabras tanto tiempo silenciadas,

allí estaban de nuevo,

allí estaba YO.

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A los diecisiete años dejé de escribir,

y hoy, sobre mis sueños rotos,

escribo de nuevo…

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SOMBRA

 

somb(Imagen de Internet)

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Y¿qué soy yo?

Sombra me siento.

Estoy pero no soy.

Mi ser se fue.

Sólo soy sombra

que se desdibuja en la niebla.

Y él pasa a mi lado,

me ve, pero no me mira,

sus pasos me dejan atrás.

Le llamo a gritos,

me oye, pero no escucha,

solo son suspiros

a ras de tierra.

No hay nada que decir

a lo que queda de mí.

Sombra sin pasado,

sin futuro,

sombra inexistente,

invisible al mundo,

pues me perdí en la niebla.

Hoy, ni sombra soy.

 

(Estrella)

inercia

VIVIR POR INERCIA

Cada mañana se levanta sin pensar,

come porque es la costumbre,

duerme  cuando  le llega el sueño…

A veces lee, a veces escribe,

también sonríe y hasta se ríe.

Le gusta conversar con otra gente,

así espanta los demonios de su mente.

A veces , muy pocas veces, goza,

pero  muchas más veces, solloza.

Ya nunca sueña, ni espera, ni se ilusiona,

tan solo sobrevive,

tan solo vive por pura inercia.

(Estrella)

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cof

Me gustaría felicitaros a todos, uno por uno, pero como el tiempo es el que es… 24 horas al día… lo hago por aquí.

Espero que de alguna manera os lleguen mis deseos de felicidad para estos días y para todos los demás días del año.

Vamos a beber la vida sorbo a sorbo sin desperdiciar ni una gota, la vida es muy corta para no saborearla (a pesar de los pesares…)

ABRAZOS…

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